miércoles, 10 de marzo de 2010

Mirándose en el espejo Irlandés (Por Paul Krugman)

La experiencia de Irlanda, que sufrió la crisis financiera como la estadounidense, deja como principal enseñanza que EE.UU. tiene que enfocar en la regulación pero también en los reguladores del sistema financiero, señala Paul Krugman.
Todos tienen su teoría sobre el porqué ocurrió la crisis financiera en Estados Unidos. Estas teorías abarcan desde lo absurdo hasta lo plausible -desde los alegatos de que los demócratas liberales forzaron a los bancos a otorgar préstamos a quienes no tenían cómo pagarlos (pese a que los republicanos controlaban el Congreso) hasta la creencia de que los instrumentos financieros exóticos generaron confusión y fraude. Pero, ¿qué es lo que realmente sabemos?
Bueno, en cierta forma la verdadera escala de la crisis -la manera en que afectó a gran parte del mundo- es útil como un tema de estudio, pero para casi nada más. Podemos analizar a los países que evitaron lo peor, como Canadá, y preguntarnos cómo hicieron lo correcto, por ejemplo, limitando el apalancamiento, protegiendo a los consumidores y, sobre todo, evitando ser atrapados por la ideología que niega cualquier necesidad de que exista regulación. También podemos analizar a los países cuyas entidades y políticas financieras parecían muy diferentes de las estadounidenses pero que fueron afectados con la misma intensidad, y tratar de discernir las causas comunes.
Así que hablemos de Irlanda.
Tal como un nuevo artículo de investigación de los economistas irlandeses Gregory Connor, Thomas Flavin y Brian O’Kelly puntualiza, "casi ninguna de las causas aparentes de la crisis estadounidense figuran en el caso irlandés" y viceversa. No obstante, el alcance de la crisis en Irlanda fue muy similar: una enorme burbuja inmobiliaria -los precios se elevaron más en Dublín que en Los Ángeles o Miami- seguida de una severa implosión bancaria que solo fue contenida gracias a un costoso rescate.
Deudores cuestionables
Irlanda no tenía ninguno de los villanos favoritos existentes en Estados Unidos. No había una ley que permitiese a los bancos dar préstamos a todos los segmentos, incluyendo los de ingresos bajos, ni tampoco Fannie Mae o Freddie Mac. Quizá más sorprendente fue que las finanzas exóticas no eran importantes: la debacle de Irlanda no fue una historia de bonos de deuda colateralizada ni swaps de créditos vencidos, sino que fue un caso de exceso a la antigua, en el cual, los bancos otorgaron grandes montos en créditos a deudores cuestionables y los contribuyentes terminaron pagándolos.

¿Y qué tuvimos en común? Los investigadores citados sugieren cuatro "factores causales profundos".

Primero, hubo una exuberancia irracional. En ambos países, los consumidores y los prestamistas se convencieron que los precios inmobiliarios, aunque demasiado elevados según los estándares históricos, continuarían aumentando.

Segundo, hubo un enorme influjo de dinero barato. En el caso de Estados Unidos, gran parte de ese dinero provino de China y en el caso de Irlanda, principalmente del resto de la zona euro, donde Alemania se convirtió en un gigantesco exportador de capital.

Tercero, los actores clave tuvieron un incentivo para asumir grandes riesgos porque iban a ganar de todos modos. En Irlanda, este riesgo moral fue mayormente personal: "Los banqueros de alto rango y deshonestos se jubilaron con sus fortunas intactas". También hubo mucho de esto en Estados Unidos. Tal como Lucian Bebchuk, de la Universidad de Harvard, y otros han indicado, los ejecutivos top de las compañías financieras en problemas recibieron miles de millones de dólares en pagos "relacionados con su de-sempeño" antes que esas empresas se derrumbasen.

Imprudencia regulatoria

Pero la similitud más asombrosa entre estos países fue la "imprudencia regulatoria": las personas encargadas de mantener los bancos seguros no hicieron su trabajo. En Irlanda, los reguladores miraron hacia otro lado en parte debido a que el país estaba tratando de atraer inversión foránea y en parte por amiguismo, pues los banqueros y los desarrolladores inmobiliarios poseían lazos cercanos con el partido
gobernante.

Y en Estados Unidos también hubo mucho de eso, aunque el asunto más relevante fue la ideología. A decir verdad, los investigadores irlandeses se equivocan al subrayar la forma en que los políticos estadounidenses impulsaron el ideal de que las personas debían poseer la propiedad de sus viviendas. Si bien pronunciaron discursos en esa línea, esto no tuvo mucho efecto sobre las intenciones de los prestamistas.

Lo que realmente importó fue el fundamentalismo del libre mercado. Esto es lo que llevó a Ronald Reagan a declarar que la desregulación resolvería los problemas de las entidades de ahorro -pero el resultado final fueron enormes pérdidas, seguidas de un rescate gigantesco con recursos fiscales- en tanto que Alan Greenspan insistía en que la proliferación de instrumentos derivados había reforzado el sistema financiero. Fue principalmente gracias a esta ideología que los reguladores ignoraron que los riesgos seguían amontonándose.

Entonces, ¿qué podemos aprender de la manera en que Irlanda sufrió una crisis financiera como la estadounidense pero con entidades muy diferentes? Más que nada, que tenemos que enfocarnos en la regulación pero también en los reguladores. Por todos los medios, hay que limitar tanto el apalancamiento como el uso de la titulización, que por cierto fue parte de lo que Canadá hizo bien. Pero tales medidas no tendrán impacto a menos que sean implementadas y supervisadas por personas que sepan que su deber es decir "no" a los poderosos banqueros.

Es por eso que necesitamos una agencia independiente que proteja a los consumidores de productos financieros -de nuevo, algo que Canadá hizo bien- en lugar de encargar la tarea a organismos que tienen otras prioridades. Y más allá de eso, necesitamos un gran cambio de actitud a fin de reconocer que dejar a los banqueros hacer lo que quieran es una receta para el desastre. Si ello no ocurre, habremos fracasado en aprender de la historia reciente y estaremos condenados a repetirla.

NYT Sindicate (Gestion del dia '9)

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